lunes, 28 de julio de 2014

Tu objetivo, nuestro objetivo.

La propuesta de nuestro proyecto deportivo es atender la parte reflexiva y mental del deportista,  en la cotidianidad de sus entrenamientos, pero especialmente en la competición que conlleva un plus de exigencia y esfuerzo.

Le proponemos un lugar para conocerse a sí mismo y conseguir un mayor y mejor dominio de su “parte mental”.

Sabiendo que la subjetividad es la que pone en marcha a nuestro cuerpo, entendemos que es importante ofrecer al deportista un espacio para abordar todas esas cuestiones que le preocupan y quiere armonizar. Desde la tensión y las exigencias de la competición, hasta cuestiones personales y afectivas que generan inseguridad, desconfianza y falta de concentración.

Por lo tanto, la idea es un recorrido que aporte confianza en uno mismo y confianza en las propias posibilidades y competencias.

Por un lado equilibrar la autoestima entendiendo que la actitud no depende del otro o de los otros, ni de motivaciones imaginarias aleatorias, sino de uno mismo.

Saber en qué medida los miedos y los fantasmas de cada uno crean barreras y obstaculizan la continuidad en la carrera deportiva personal, tanto del profesional como del aficionado, y contemplar, si por otro lado, precipitan lesiones, caídas o incidentes que se podrían evitar.


Y por supuesto, un lugar para  atender la faceta emocional y personal, esas vivencias que van desequilibrando y suponen un malestar añadido que descompensan y generan tensión.

Poner palabras, además de aliviar, de tener un efecto catártico, permite no somatizar las preocupaciones y posibles complicaciones anímicas.  

Entenderse y comprenderse para alcanzar esas metas. 






Cándido Sánchez Zafra                 
Psicólogo Clínico y Deportista  

Conocerse a sí mismo. Confianza y autoestima. La armonía emocional y personal.
Entenderse y comprenderse para alcanzar esas metas.
               
“¿Los límites de tu mente son los límites de tu cuerpo?”   “¿Los límites de tu cuerpo son los límites de tu mente?”

Individual  Clubs  Equipos

Calle Eras del Calvario 7 bj. a.                                   Calle Isaac Albeniz  21 3º B.  
La Zubia 18140 Granada                                           18012 Granada

Tlf. 958057705  laeraespacioabierto@gmail.com   Tlf. 610521031

lunes, 19 de mayo de 2014

Éxito, máquina y precisión.

Vivimos un momento social con supuestos irrevocables. 

Uno de ellos es que ganar significa mantenerse ganador, con la presión adyacente que conlleva la estancia en el éxito. Hay ejemplos de lo fatídico que puede ser alcanzar la gloria.

Otra situación, por ejemplo, es la comodidad inconsciente de ser el segundo por miedo a ser el primero.

Diría que no somos “máquinas”, aunque la palabra está muy de moda, por lo tanto, más allá de ese discurso general de estar al 100%, a tope…. es muy importante conocerse a sí mismo subjetivamente.

Hay deportistas que cada vez que están a las puertas de un óptimo estado de forma se lesionan. O los que se pasan de vueltas pretendiendo estar en todo a máximo rendimiento.

Lo importante, eso particular de cada deportista que entra en juego en su práctica deportiva.




CXM Durcal 2014





Cándido Sánchez Zafra                 
Psicólogo Clínico y Deportista  

Conocerse a sí mismo. Confianza y autoestima. La armonía emocional y personal.
Entenderse y comprenderse para alcanzar esas metas.
               
“¿Los límites de tu mente son los límites de tu cuerpo?”   “¿Los límites de tu cuerpo son los límites de tu mente?”

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Calle Eras del Calvario 7 bj. a.                                   Calle Isaac Albeniz  21 3º B.  
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lunes, 9 de septiembre de 2013

En el deporte: el cuerpo y la mente también van de la mano.


En la práctica deportiva no solo está involucrado el organismo, sino que como dijo una corredora en la II CXM Sierra de Cenes 2013, “si la mente dice no puedo, esto se acaba”.
A pesar de ser distintos son inseparables, pero además, cuando se compenetran son cómplices.
Previamente a un sujeto, hay un cuerpo, y es en todo caso el cuerpo que es investido por un sujeto, que adviene por la incorporación del lenguaje.


“Nuestro cuerpo es siempre lenguaje sobre el cuerpo, el cuerpo no es algo que se comprueba, sino que se construye”. Michel Bernard.





Cuerpo de nuestro tiempo, de las modas, de la medicina, de la educación, del deporte, de la transmisión generacional. Un cuerpo que nos permite reconocernos, y a la vez, que nos reconozcan. Cuerpo que delimita lo interno de lo externo y que nos facilita relacionarnos con ese mundo social que nos rodea. Un cuerpo, ligado a la historia de cada uno, como dice Francoise Dolto en Imagen Inconsciente Del Cuerpo, ligado a las palabras que lo describen y que lo nombran.

Deportistas con similares características físicas y con el mismo entrenamiento, mientras unos se lesionan, otros continúan sin molestias. Algunos, con la misma lesión, mantienen el empuje, perseveran, mientras los otros se lamentan y abandonan.

Atletas que consiguen primeros puestos en una carrera a la vez que otros se quedan a las puertas. En ocasiones llegar el segundo acaba siendo una costumbre.

Otro ejemplo común es el arduo trabajo durante todo el año pero cuando se aproxima la hora de la verdad, algo falla, de forma incomprensible la angustia se apodera del cuerpo, un incidente, un desliz absurdo acaba cruzándose y malogrando la temporada.

También hay deportistas que están presentes en el circuito mientras ganan pero abandonan cuando la gloria se les escapa. O el ejemplo contrario, los que sucumben cuando finalmente consiguen la victoria, entrando en un estado de ansiedad permanente.

Hay equipos que juegan fabulosamente, mantienen un nivel de juego regular durante toda la temporada, aunque cuando el entrenador contrae una enfermedad, la agilidad de siempre, la fluidez y el toque pierden brillantez, las jugadas son toscas y en ocasiones ese mismo equipo parece otro totalmente distinto.

Sabemos que cuando se juega, o se corre en casa, el arrope de la afición da alas a los jugadores y a los atletas. Pero cuando la afición se vuelve muy exigente, quizás el partido o la carrera fuera se vive con mayor tranquilidad.

Los movimientos en los partidos son también significativos, hay jugadores que se crecen cuando están a punto de perder un partido, o los que flojean al verse ganadores. Los que arrasan a la más mínima ocasión o los que por dudar acaban perdiendo la oportunidad.



Lo que se pretende señalar con esto es que si bien el cuerpo es la carta de presentación, y en la práctica del deporte también, junto a él viene un sujeto, una persona con sus afectos y emociones, con sus vivencias y sentimientos: satisfacción, contrariedad, rivalidad desbordante con el otro, confianza en uno mismo, miedo escénico, estrés ante la competición, malestar dentro del equipo, discrepancias con el entrenador, o incluso cuestiones personales y familiares.



El cuerpo es muy moldeable, es cierto, lo saben los fisioterapeutas, los masajistas, los médicos deportivos, incluso los entrenadores, pero ¿acaso es posible ir más allá con ese cuerpo sin el beneplácito de la mente? Demos la vuelta a la premisa: ¿Puede la voluntad, el deseo, la perseverancia, dar continuidad, seguir, sin la complicidad de nuestro organismo?

Las palabras ponen en evidencia cómo cada cual, o los colectivos, acarician lo corpóreo dando connotaciones emotivas a través del propio lenguaje: a cara perro, nos gusta sufrir, darlo todo, machacar, no hay límites, los límites están en tu mente.

Y también existen ocasiones en la cuales incluso se llega a exponer el cuerpo de forma extrema, “la vida al filo de la muerte” como bien señalaba Kilian Jornet ante el fallecimiento de una corredora por hipotermia en Cavalls de vent 2012.

No hay que olvidar que en definitiva viajamos por la vida en un cuerpo envuelto de palabras.


Quiénes somos, de dónde venimos y hacia dónde corremos para escuchar a un cuerpo que habla y a veces, incluso grita desesperado.



Cándido Sánchez Zafra                 
Psicólogo Clínico y Deportista  

Conocerse a sí mismo. Confianza y autoestima. La armonía emocional y personal.
Entenderse y comprenderse para alcanzar esas metas.
               
“¿Los límites de tu mente son los límites de tu cuerpo?”   “¿Los límites de tu cuerpo son los límites de tu mente?”

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martes, 25 de enero de 2011

EL Camino.

Jamás vuelve a ser el camino.

Sin embargo algo nos inclina a retornar, a continuarlo. Nos inquieta la idea de ese recorrido realizado, de esa vuelta con el reencuentro.

“Caminante, no hay camino, se hace camino al andar” dice la frase célebre de Machado, quizás desde una manera de vivir la vida.

Pero el camino, que noche y día está en su lugar, se convierte para el que decide a transitarlo. Es un icono dado a los significados de cada cual, es la perseverancia del tótem, de la perdurabilidad, del inicio y del final. El camino es como es.

Ahí está, bajo el sol aplastante, cubierto de nieve helada, adornado por regueros de agua, acariciado por las brisas, soportando la indolencia de quienes lo ignoran, esperando expectante el deleite de aquellos que se disponen a transitar por  su trayecto.

Las personas tenemos la posibilidad de atribuir a las cosas infinidad de palabras, para cada cual las suyas especiales, atravesados por el lenguaje sobornamos la cosa pura para dotarla de magia, en un encuentro con lo propio. Así la cosa se convierte en una metáfora de vivencias íntimas, en un desliz de amor, de odio, de indiferencia o bien de pasión.

Desde siempre, las montañas, la lluvia, el mar, los árboles, los ríos, las estrellas, el sol, la luna acompañan al hombre dejándose llevar por significados enigmáticos, significados que en muchas ocasiones se convierten en el sentido de una vida misma, un infinito hacia el que dirigir los pasos de toda una historia.

Montañeros, pireneístas, alpinistas, marineros, escaladores, excursionistas, ciclistas… se aventuran a refugiarse en la naturaleza lejos de lo mundanal, vías por las que ascender, sendas que guían la marcha, rutas que manejan el timón, caminos para una travesía.

El tiempo marca la vida como las señales dejan muescas en la piel. Por mucho que nos miremos, o nos miren, jamás se vuelve al ayer, y ese camino jamás vuelve a ser el camino aunque siga estando en su sitio.





La Mola. Catalunya.

Pocas cosas tienen un valor verdadero. Son, quizás, aquellas que sabemos nos esperan pase lo que pase, conociendo la imposibilidad de lo anterior, cambie lo que cambie continúan aún la insensatez de la mediocridad humana. Y así la contundencia de la naturaleza nos invita a reflexionar sobre nuestras vidas.

Si hay algo fascinante al culminar una cumbre es la tentación delirante de permanecer “in eternum” junto a su gratitud, cerca de su majestuosidad. Esa amplitud del espacio abierto muestra la infinidad del mundo, de la vida, y nos aplasta a la vez con la finitud de nuestros días, la caducidad de nuestro camino, de nuestro tiempo.

Siempre cambiante y sin embargo siempre en el mismo lugar.

Alguien dijo que el verdadero sentido de ascender una cima es después bajarla. Ir para volver, y otra vez, y otra y otra… pasar un día y otro día, dejando nuestra huella, deseando mostrar nuestro ímpetu, nuestro coraje, y algunos quizás su angustia.

Logramos al menos eso, sustituir una cosa por otra, una cumbre por otra, un mar por un océano, una carrera tras otra, un camino por otro camino, la oportunidad de satisfacer un anhelo.

Caminos, caminos y caminos. Pedregosos, hostiles, sinuosos y sorprendentes.

Dijo Ovidio: “aunque desfallezcamos, seguimos gracias a nuestra voluntad”. Asciende y desciende demandante de un esfuerzo, fascinado de calmar el deseo de quienes se atreven a vivirlo.

Algo del camino se hace propio, algo nuestro cala entre el paisaje y la distancia, aunque las huellas se desvanecen, se perpetúa en el recuerdo la sombra de un pasaje.

El camino nos acoge con respeto, con tolerancia, con la esperanza de que nuestro paso por él se mezcle con nuestra historia.

En su historia, paseantes osados y sufridos dejan tras de sí tramos de tiempo flotando en un espacio que se disipa fugazmente. Son los instantes de un disfrute colosal y sublime. Son cálidas caricias de placer, un placer por vivir y el duelo al dejarlo atrás, al perderlo.

Caminos desconocidos se anteponen a tu presencia. Irrumpes en un espacio ausente de la historia, de tu historia, iniciando así un nuevo párrafo.

Un día, de aquí se llega a allí, la sed metonímica en busca de puntos insurgentes conduce la mirada a descubrir otros enclaves. Un escondido camino abre sus brazos, acoge la mirada de soslayo, esa que lo reconoce detrás de un árbol, detrás de un montículo o entre matorrales.
Tantas veces se pasa por su vera, pero sin embargo no contemplamos la posibilidad de su existencia. De repente otro día irrumpe ante nuestro rumbo y exclama a nuestra mirada que lo acojamos en nuestro caminar.

Y nos preguntamos a qué se debe nuestra ceguera, ¿por qué solo vemos una parte del mundo cuando en definitiva es tan enorme?. ¿A qué se debe que escuchemos solo unas palabras cuando el repertorio es amplísimo?.

Existen tantas posibilidades, y sin embargo en el día a día convivimos solo con unas pocas. Quizás es complicado desplegar el abanico, la mirada y la escucha. Abrir la ventana de la diversidad puede cuestionar lo propio pero también puede enriquecerlo.

Descubrimos por lo tanto un nuevo camino en nuestro deseo, deseo de recorrer, deseo de saber, de conocer, de ir aún más allá. Y al inmiscuirnos en los entresijos de nuevas sendas y caminos vamos anudando unos con otros creando una red en el espacio imaginario que podemos recorrer y recorrer encontrando el placer de disfrutar un mundo cada vez más abierto. 

Ese camino sí es mágico.



Cándido Sánchez Zafra                 
Psicólogo Clínico y Deportista  

Conocerse a sí mismo. Confianza y autoestima. La armonía emocional y personal.
Entenderse y comprenderse para alcanzar esas metas.
               
“¿Los límites de tu mente son los límites de tu cuerpo?” o “¿Los límites de tu cuerpo son los límites de tu mente?”

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